Voces Del Campo Pastoral
POR MARIPAZ RAMOS
Directora de Ministerio Étnico y Pastoral
Juvenil Hispana, Diócesis de Reno
SINODALIDAD EN EL MINISTERIO PARROQUIAL JUVENIL, SIGNIFICA QUITARTE LAS SANDALIAS Y RECONOCER QUE ESTÁS EN TIERRA SAGRADA, SIGNIFICA DISPONERTE A DESCUBRIR LA SORPRENDENTE “VOZ” DE DIOS A TRAVÉS DE LA HUMILDAD DE UNA ZARZA ARDIENDO EN EL DESIERTO, LISTA PARA DESAFIARTE (EX. 3, 2).
Para nadie resulta desconocido que ver un joven, una joven pisando nuestros espacios parroquiales está resultando cada vez más extraño. Sin embargo, los hay, y vienen con fuego. Un fuego al que hay que acercarse con el corazón desnudo y los oídos despojados de prejuicios doctrinales y leyes establecidas, para poder descubrir quién es el joven de hoy, y cuál es nuestro rol en este proyecto maravilloso de Dios con y para los jóvenes, su raza elegida, nación santa, llamada a proclamar sus maravillas al mundo de hoy (1 Pe. 2, 9).
Sinodalidad y discernimiento como método y contenido son con seguridad los grandes desafíos de una pastoral juvenil que mira al futuro. El primer paso, es hacer una opción preferencial por los jóvenes que exprese el deseo de la comunidad de escucharlos, reconocerlos y acompañarlos.
- Escucharlos a través de encuentros espontáneos y también planeados.
- Reconocerlos significa apreciar lo que hay de bueno y bello en ellos.
- Acompañarlos significa hacer camino con, como lo hizo Jesús en el camino a Emaús, hasta dejar que el Espíritu encienda el corazón y nos sitúe juntos en el proyecto de Jesús.
En este momento de gracia en el que todos nos volcamos hacia la Eucaristía como fuente y culmen de nuestra vida cristiana, el camino de Emaús resulta nuestro mapa de ruta. A veces como líderes juveniles, en la medida en que acompañamos el proceso de fe de los jóvenes, nosotros vivimos nuestro propio Emaús. Jesús siempre sale a nuestro encuentro para renovar en nosotros el fuego y hacernos arder el corazón de nuevo. Y de ese momento, hace surgir sus más valientes y audaces discípulos misioneros. Así, de uno de esos momentos, el Señor llamó a dos jóvenes que hoy son sacerdotes en mi diócesis, y llamó a muchos matrimonios que hoy sirven en muchas y diversas parroquias.

